El pasado mes de enero se saldó con uno de los peores datos de la historia en cuanto a morosidad, aumentando de forma considerable el número de personas que no son capaces de afrontar sus deudas. En total se alcanzó la escalofriante cifra de 8.921 millones de euros que están pendientes de cobro. Una cifra que se acerca a la alcanzada en julio tras el concurso de acreedores de Martinsa-Fadesa, que generó 9.828 millones de euros.
El mes de enero fue nefasto para la economía española y los préstamos se dispararon, lo que ha supesto el aumento de la morosidad, culpa que le atribuyen principalmente a las cajas de ahorros. Éstas, y sus políticas de créditos, han sido las que han experimenttado un mayor aumento de morosidad entre sus clientes, con un gran aumento de la concesión de créditos a diestro y siniestro. Algo similar ha ocurrido con las entidades bancarias, que han visto cómo el número de clientes que no pueden hacer frente a sus pagos ha aumentado de forma considerable.
Estas cifras son preocupantes, y pueden suponer una reducción de créditos por partes de las entidades bancarias, para tratar de evitar situaciones similares. Las únicas entidades que no han visto aumentado su nivel de morosidad han sido las cooperativas financieras, que incluso lo han visto reducido, aunque se siguen manteniendo en niveles bastante altos, con una tasa del 6,09%.
Toda esta morosidad tiene un problema añadido, por supuesto, a mayor morosidad, menor dinero. Es decir, los fondos reservados para afrontar estos impagos se han visto reducidos de manera drástica, lo que supone que las entidades cada vez se ven más forzadas a reducir los créditos.
El endeudamiento de la sociedad se está convirtiendo en un círculo vicioso en el que parece que no se salva nadie, ya que, además de el aumento de la morosidad y la disminución de los fondos para afrontarla, también han aumentado los impagos en comercios. Más y más leña a una hoguera que esperemos no acabe consumiéndolo todo.
A la espera estamos todos, hartos ya de tanta crisis, de vislumbrar una solución al problema, que parece que para el 2010, tan lejano para algunos, nuestra economía volverá a levantar cabeza. Mientras, el cinturón habrá que ir apretándoselo cada vez más, esperando no asfixiarnos.
Finanzas, Opinión del experto
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