Que estamos en crisis es alguien que ya nadie duda (aunque algunos prefieran llamarlo desaceleración). Más complicado resulta saber cuáles son las razones concretas de la inestabilidad económica que viven los mercados financieros y economías nacionales. No hay día en que no escuchemos que el paro ha subido, que el PIB ha bajado, o que el PNB se ha estancado. En fin, un lío.
No obstante sobre todo este barullo de noticias y malos datos económicos, hay un término que parece estar siempre presente, la crisis subprime. Aunque en un principio puede resultar una expresión confusa, en realidad se trata de algo bastante sencillo.
¿Prestarías dinero a alguien que sabes que apenas tiene solvencia? Por lo general no suele resultar conveniente, por no hablar de rentable, prestar dinero a determinados clientes cuya estabilidad económica es incierta. Esto que parece fácil de entender no suele ser aplicado por los bancos y entidades financieras que, en principio, prestan dinero a todo el mundo.
Cuando los bancos prestan dinero clasifican a sus clientes en deudores prime y sub-prime, es decir, en solventes y no tan solventes. A los no solventes, o sub-prime, lejos de prestarles más ayudas, o mejores intereses, les cobran mayores tasas de interés como medida de prevención.
Los prestamos subprime son aquellos que tienen un interés bancario mayor que el tipo de interés preferencial y, que por tanto, son arriesgados debido a la combinación de altas tasas de interés y a las potenciales situaciones financieras adversas a las que suelen estar expuestos los clientes.
Una vez hemos entendido esto hay que saber que aunque cuando hablamos de crisis subprime nos referimos a un término genérico, en realidad nos estamos refiriendo a un problema de solvencia de los deudores subprime en el mercado residencial estadounidense (los cuales representan el 8% de las hipotecas en Estados Unidos).
La crisis empezó a tomar fuerza entre 2004 y 2006, como consecuencia de un aumento en la inflación de la economía estadounidense. La Reserva Federal aumentó su tasa de descuento de un 1 % al 5,25 %, lo que provocó también un aumento en las cuotas de las hipotecas residenciales. Este incremento fue desastroso para los clientes subprime que vieron como aumentaban desproporcionadamente los intereses de sus hipotecas. Una gran parte empezó a retrasarse en sus pagos y a otros directamente les fue imposible seguir pagando. No hay que olvidar que muchos de estos clientes son denominados NINJA (siglas en inglés de “sin ingresos, empleo ni bienes”).
Aunque los bancos embargaron las viviendas hipotecarías, les resulto muy difícil venderlas, ya que la gente empezó a desconfiar de las hipotecas para comprar viviendas. Además las empresas prestamistas sintieron el impacto cuando los deudores dejaron de pagar. El resultado directo fue que numerosas entidades bancarias tenían invertido gran parte de su capital en hipotecas de alto riesgo, lo que provocó una enorme volatilidad de los valores bursátiles, acompañado de un gran temor inversionista.
Estos son a grandes rasgos los motivos e inicios de la denominada crisis subprime que tantas consecuencias está teniendo en la economía global. Se suele decir que en economía el aleteo de una mariposa en Japón puede producir un tsunami en todo el mundo. Este es el mejor ejemplo.
En España no estamos mucho mejor, ya que si siguen aumentando los intereses de las hipotecas concedidas, puede producirse un proceso similar al que se ha dado en Estados Unidos con las subprime.












