El azar virtual
Los últimos datos de la asociación española de apostadores por Internet (AEDAPI) han dado a conocer que durante 2007 los internautas españolas se gastaron más de 650 millones de euros en apuestas por Internet. Un 57% más que en 2006.
Si ya era conocido que en España hay un gran interés por las quinielas, loterías, primitivas y en general, por todos los juegos de azar, la facilidad y sencillez con la que permite realizar estas actividades Internet está transformando a España en uno de los países con mayor crecimiento en este sector. Tal es así, que se espera que en este año se produzca un incremento del 84 %, es decir, que nos gastemos más de 1200 millones de euros.
Aunque actualmente el número de usuarios en España gira en torno a los 130 mil (menos respecto a otros países como Francia e Inglaterra con 200 y 300 mil), todo hace indicar que en poco tiempo podemos estar a la cabeza. ¿El motivo? Según los datos de la AEDAPI, los usuarios españoles son los reyes respecto a visitas a casinos online. La ruleta virtual es todo un vicio ya que permite jugar cómodamente desde casa.
No obstante al igual que en la de verdad, siempre se acaba perdiendo. Cosa de la que muchos internautas, literalmente arruinados, ya se han dado cuenta. De nada vale reclamar luego. El juego es así.
No obstante, y al margen de los casinos, el 65% de las apuestas realizas en España están vinculadas a eventos futbolísticos, seguidas de apuestas sobre tenis y de Fórmula 1. Esto último creció el año pasado en un 8% gracias a los triunfos de Fernando Alonso. Este tipo de apuestas virtuales son muy diversas, y van desde acertar quién ganará un partido de futbol, a saber en que minuto un determinado tenista hace un ACE y con que mano. Incluso hay apuestas absurdas como saber en qué día de la semana lloverá, o una de las más frecuentes ahora mismo entre los usuarios españoles, cuando usará Zapatero la palabra crisis.
Crisis es precisamente lo que parece no existir en el mundo de las apuestas online. Pero ya sabes, no dejes que un divertimento acabe convirtiéndose en quebradero de cabeza.

